El modelo es simplemente un grupo inteligible y entrelazado de términos y relaciones que puede ser conveniente tener consigo cuando se trata de describir la realidad o de formar hipótesis. Como los proverbios, el modelo es algo que vale la pena recordar cuando uno se encuentra en determinada situación o acomete una tarea. 
 

Los modelos, pues son a las ciencias del hombre, a las filosofías, a las teologías como las matemáticas son a las ciencias naturales. Porque los modelos no pretenden ser descripciones de la realidad, ni hipótesis acerca de la realidad, sino simplemente unos grupos entrelazados de términos y relaciones. Tales grupos, de {285} hecho, resultan ser útiles para guiar las investigaciones, para enmarcar las hipótesis y para escribir las descripciones. Así, un modelo dirigirá la atención de un investigador en una determinada dirección con uno de dos resultados: puede proporcionarle un esbozo básico de lo que él descubra ser el caso, o puede mostrarse ampliamente irrelevante, aunque el descubrimiento de su irrelevancia pueda ser ocasión de descubrir claves que de lo contrario pudieran pasarse por alto. Igualmente, cuando uno posee unos modelos, la tarea de enmarcar una hipótesis se reduce a la sencilla tarea de adaptar un modelo para que le siente bien a un objeto o área dada. Finalmente, la utilidad del modelo puede surgir cuando se trate de describir una realidad conocida. Porque las realidades conocidas pueden ser excesivamente complicadas, y un lenguaje adecuado para describirlos puede ser difícil de lograr.

Así, la formulación de modelos y su aceptación general como modelos puede facilitar enormemente tanto la descripción como la comunicación.  Ahora bien, lo que se ha dicho acerca de los modelos es pertinente para la pregunta por la validez de las categorías teológicas generales y especiales. Primero, tales categorías formarán un grupo de términos y relaciones entrelazados y, de acuerdo a esto, poseerán la utilidad de los modelos. Además, estos modelos estarán construidos por términos y relaciones básicos que se refieran a componentes transculturales de la vida y actuación humanas y, de acuerdo con esto, en sus raíces poseerán una validez totalmente excepcional. Finalmente, si se consideren como algo más que modelos con una validez fundacional excepcional, no es una pregunta metodológica sino teológica. En otras palabras, al teólogo le toca decidir si algún modelo se ha de convertir en una hipótesis o si ha de ser tomado como descripción.  

Bernard Lonergan